Me gusta mirar vidrieras, aunque reniego un poco de la moda y toda esa onda fashion. No suelo ser muy especial a la hora de vestirme, me bastan los jeans, alguna remera y un par de championes. Nada de spuerproducciones, con esto se concluye que tengo un estilo informal.
Sin embargo, en una de esas vidrieras superiluminadas, unos zapatos rojos de taco muy alto y finito, me sedujeron al momento.
Lo pensé y lo repensé, pero el endemoniado calzado me llamaba con insistencia. No podía dejar de mirarlos, y mis amigas al ver lo aferrada que estaba a la vidriera, no dudaron ni un momento en incitarme a cometer el pecado: UN GRAN PECADO! Porque el calzado, si bien estaba de oferta por cierre de temporada, no dejaba de tener un precio considerable.
La pregunta que debí hacerme antes de tomar la decisión definitiva, es: ¿A dónde voy a ir con estos zapatos?, otra pregunta, y la esencial pienso yo: ¿Podré caminar con ellos?

Sin embargo Santo Demonio de los Zapatos Colorados, no paraba de susurrarme en el oído cositas provocadoras, como: ¡Te verás sexy! ¡Tus piernas quedarán más estilizadas! ¿A caso, no buscabas cambios en tu vida?
- ¡Má, sí!!! - me salió de adentro. Y efectivicé la compra con el dinerito que me gané en tooodo el verano trabajando en el salón de mi tío.
Ahora los miro. Apenas puedo caminar con ellos, decididamente no sé a dónde ir calzando unos zapatos tan coquetos. ¿Al tablado? ¿Al supermercado? ¿A pasar horas parada detrás del mostrador atendiendo a los clientes? A la Facultad ni bien comience! ¡Dejáaaa!!!
Me pongo a pensar en qué bueno sería tener una calabaza que se convierta en carroza, unos ratones que se transformen en rápidos corceles y un príncipe que esté dispuesto a pasar por casa, luego de haber yo perdido uno, al bajar la escalera en una fiesta del palacio!:
Moraleja:¡ A zapatos rojos que te hablan, oídos sordos!