
Yo soñé un día que era grande, que podía alcanzar el cielo, que era celeste y límpido.
Yo soñe que soñaba, y que no importaba el tamaño del sueño, me bastaba con soñar y luego...
despertar, para seguir soñando despierta.
También soñé con mil pasos a través de un largo camino, y ese camino era importante, porque era MI camino.
A veces, nos proponemos metas muy altas, no sé hasta donde eso es tan bueno, yo creo que a pasos cortos se puede llegar bien lejos, tal vez no, lo tan lejos que queramos, pero sí lo más lejos que podamos
Estoy un poco filosófica (perdón por mi filosofía barata) pero en estos días aprendí cosas, cosas importantes.
Que la ilusión alimenta y nos hace más creativos y felices, pero no debemos engañarnos, la ilusión es eso, un imán hacia aquello que queremos.
La energía que pongamos en el día a día, nos va haciendo más fuertes, más sólidos aún en lo leve, más capaces ante los ojos de quienes descreen de uno.
Aprendí que la soberbia no sirve para nada, que aquellos que juraban comerse el mundo, se quedaron con hambre, y que los humildes, casi inadvertidos, bebieron su trago dulce.
Mesura, paciencia, son buenas cosas. Empeño, alegría y esperanza, no deben faltar.
Tal vez no siempre se llega a la cúspide, pero, ¡que importante es valorar lo que se obtiene!
Ya estoy un poquito más grande que en mi última entrada, grande de edad y grande de espíritu, pues, sí, aún queda mucho por aprender, claro, y un largo camino de vida, para seguir viviendo y para seguir soñando...
o Jorgelina o

Siento mi corazón lleno de cielo y sol